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    La Juana de Arco del siglo XX

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    jmvicus
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    prensa nueva La Juana de Arco del siglo XX

    Mensaje por jmvicus el Lun Feb 28, 2011 7:38 pm

    Durante la Primera Guerra Mundial las mujeres fueron
    movilizadas de una forma sin precedentes. Algunas, sobre todo rusas, no
    se conformarían con trabajar en la retaguardia y se alistarían. Entre
    todas ellas destacó Maria Bochkareva. Nacida en una familia campesina
    pobre, luchó en el frente desde el inicio de la guerra, fue herida en
    varias ocasiones, fundó los ‘batallones femeninos de la muerte’, fue
    condecorada al máximo nivel y se convirtió en una carismática líder de
    fama mundial. Murió fusilada por los bolcheviques cuando tenía sólo 30
    años.

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    Maria Leontievna Bochkareva


    Maria Leontievna Bochkareva nació en 1889 en el seno de
    una familia humilde cerca de la ciudad de Novgorod, en la Rusia
    europea. Obligada a trabajar desde los ocho años para subsistir, se
    casaría a los quince y se trasladaría junto a su marido a la ciudad
    siberiana de Tomsk. Ante el alcoholismo de éste y los malos tratos
    recibidos, escaparía junto a su amante, a quien seguiría a pesar de ser
    exiliado a Yakutsk, en el extremo oriental de Rusia. Con el paso del
    tiempo, esta segunda relación también acabaría deteriorándose por culpa
    del alcohol y los abusos.

    [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]En
    1914, mientras Bochkareva malvivía en Siberia, en Europa estalló la
    Primera Guerra Mundial. Las noticias llegadas del frente despertaron en
    nuestra protagonista un profundo espíritu patriótico y fuertes ansias
    de alistarse. No quería simplemente colaborar trabajando en la
    retaguardia, como muchas otras mujeres, sino que deseaba ir a primera
    línea a luchar por su país: “Día y noche la imaginación me llevaba a
    los campos de batalla, mientras mis oídos se estremecían con el gemido
    de mis compatriotas. El espíritu de sacrificio se apoderó de mi. Mi
    país me llamaba. Una irresistible fuerza interior me empujaba”.
    Seguramente, este fervor patriótico y ganas de combatir nacerían como
    forma de evadirse de su frustración vital y canalizar sus energías y
    fuerte carácter, que ya le había llevado a encabezar equipos de más de
    veinte obreros.

    Decidida a alistarse, Bochkareva se presentó ante el
    25º Batallón de Reservistas de Tomsk. Su solicitud sería poco más que
    ignorada. Por aquél entonces los mandos militares no contemplaban la
    inclusión de mujeres en sus filas y mucho menos una campesina
    cualquiera aparecida de la nada. Lejos de desistir, Bochkareva hizo
    gala de su tenacidad y envió un telegrama al mismísimo zar Nicolás II,
    quien contestaría afirmativamente a su petición y le abriría las
    puertas del ejército.

    Si conseguir alistarse fue difícil, más lo sería
    ganarse el respeto de los demás soldados, quienes la ridiculizaban
    constantemente. Pero no hubo mucho tiempo para burlas, ya que al cabo
    de pocas semanas su batallón fue enviado al frente. Durante cerca de
    dos años y medio Bochkareva lucharía con gran bravura: participando en
    cruentas cargas con bayoneta contra las trincheras enemigas, luchando
    cuerpo a cuerpo con soldados alemanes, tomando parte en patrullas de
    reconocimiento, rescatando a compañeros bajo el fuego enemigo, etc. A
    pesar de ser herida en cuatro ocasiones, dos de ellas de gravedad,
    siempre volvía a primera línea de fuego con un arrojo y valentía sin
    igual.

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    Trinchera después de la batalla

    Las hazañas de “Yashka” (apodo con el que Bochkareva
    sería bautizada por sus compañeros) no pasaron inadvertidas y la
    hicieron merecedoras de varias condecoraciones, entre las que destaca
    el nombramiento como Caballero de San Jorge, máxima distinción que
    podía recibir un soldado ruso por su heroísmo. Muy pronto la prensa se
    haría eco de la historia de esta Juana de Arco contemporánea,
    convirtiéndola en todo un símbolo popular, una leyenda viva.

    Los batallones femeninos de la muerte

    La Revolución de Febrero de 1917, la abdicación del zar
    y las consignas bolcheviques a favor de abandonar la Primera Guerra
    Mundial sembraron una gran confusión y desasosiego entre las tropas
    rusas, agotadas y demacradas tras dos años y medio de combate y
    centenares de miles de bajas. Preocupado por esta situación e
    inspirándose en la Revolución Francesa, el gobierno provisional optaría
    por continuar en guerra, intentando conciliar las tesis revolucionarias
    con el compromiso adquirido con sus aliados y la defensa del país.

    Una de las medidas que se tomaría para motivar las
    tropas fue la creación de unidades de choque formadas por voluntarios,
    las cuales debían servir de ejemplo a seguir para los demás soldados.
    Viendo esta iniciativa, Bochkareva iría un paso más allá y propondría
    la creación de batallones formados íntegramente por mujeres. ¿Qué podía
    ser más humillante para los soldados que ver batallones de mujeres
    librar la batalla que ellos no osaban? Tras una audiencia en Petrogrado
    (actual San Petersburgo) el gobierno de Kerensky accedió a la petición
    de Yashka, quien inmediatamente realizaría un emocionado llamamiento a
    todas las mujeres del país.

    Miles de mujeres de toda condición respondieron a la
    convocatoria, presentándose voluntarias para formar parte de los
    futuros ‘batallones femeninos de la muerte’, llamados así por su
    determinación de luchar hasta las últimas consecuencias sin dar un paso
    atrás. No en vano, el emblema de estas unidades consistía en una
    calavera y dos huesos cruzados. Además, cada una de sus integrantes
    llevaba consigo una pastilla de cianuro, para acabar con su vida en
    caso de ser capturadas.

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    Voluntarias haciendo cola para afeitar sus cabezas

    No se puede negar que su aspecto era realmente marcial y desafiante:

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    La premura de la guerra en curso no permitía que la
    instrucción se prolongara mucho tiempo. Durante las pocas semanas
    disponibles Bochkareva supervisaría personalmente todo el proceso,
    siendo muy estricta con sus subordinadas y echando aquellas que no
    cumplieran sus exigencias.

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    Bochkareva supervisando unas prácticas de tiro

    Aunque no se dispone de cifras exactas, se estima que
    en el transcurso de la Gran Guerra entre 5.500 y 6.500 mujeres
    lucharían en las filas del ejército ruso. De las 3.000 primeras
    surgirían dos batallones y varias unidades. Bochkareva comandaría el
    conocido como ‘primer batallón femenino de la muerte’.

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    Bochkareva con el primer batallón femenino de la muerte

    A pesar de la determinación de Yashka y las demás
    mujeres soldado, se puede decir que su actuación fue muy discreta. No
    por falta de valentía, sino por enfrentarse prácticamente solas al
    enemigo y porque la mayor parte de ellas carecía de experiencia en
    combate. En la que sería la primera y última batalla del batallón
    encabezado por Bochkareva, éste se lanzó en solitario contra las líneas
    alemanas, mientras la mayoría de los hombres se quedaron agazapados en
    sus trincheras. En ser objeto de los primeros disparos y explosiones,
    muchas de ellas tendrían ataques de pánico y arrojarían las armas.
    Bochkareva caería herida y sería hospitalizada.

    [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]Mientras
    Yashka se recuperaba, se produciría la Revolución de Octubre, en la que
    nuevamente otro batallón de mujeres se encontraría prácticamente solo;
    en este caso para defender el Palacio de Invierno (junto un pelotón de
    inválidos, algunos ciclistas y jóvenes cadetes). Aunque es digno de
    mención que tuvieran el valor de permanecer en sus puestos hasta el
    final, nuevamente su actuación sería en vano, cediendo fácilmente ante
    los bolcheviques.

    Exhausta por tantos años de lucha y decepcionada por la
    actuación de los batallones de mujeres, Bochkareva declinaría la orden
    de recomponer sus unidades y decidiría volver a Tomsk. No sólo estaba
    cansada, sino que además no quería tomar parte en la fratricida guerra
    civil que se avecinaba.

    [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]En
    su viaje de regreso a casa, Bochkareva fue detenida al pasar por
    Pretrogrado y posteriormente llevada ante Lenin y Trotski. Estos
    insistieron en que se uniera a los bolcheviques. Contar con la adhesión
    de la héroe campesina, conocida y admirada por todo el pueblo, podía
    suponer un importante espaldarazo a su causa. A pesar de la insistencia
    de los dos líderes revolucionarios y de ser encerrada unos días para
    que recapacitara, Yashka se mantendría firme en su decisión de volver a
    casa. Finalmente fue liberada y retomó su viaje.

    Del combate a la diplomacia internacional

    Con el paso del tiempo, el cansancio daría paso a la
    nostalgia. Nostalgia de las hazañas y la gloria conseguida en sus años
    en el ejército. Poco a poco, Bochkareva entraría en una espiral
    depresiva y se abandonaría a la bebida, convencida de que nadie la
    necesitaba ni se acordaba de ella.

    De repente, cuando menos lo esperaba, recibió un
    mensaje del general Kornilov, líder del Ejército Blanco
    contrarrevolucionario y antiguo comandante en jefe de las fuerzas
    armadas del gobierno provisional. El escueto mensaje simplemente decía:
    “Venga urgentemente, la necesitamos”. Disfrazada de hermana de la
    caridad, Bochkareva consiguió travesar las líneas bolcheviques y
    reunirse con el general.

    Asfixiados por el avance del Ejército Rojo, Kornilov y
    sus hombres necesitaban imperiosamente ayuda financiera y militar
    exterior para resistir. Para conseguirla Bochkareva sería la embajadora
    ideal, gracias a su carisma y leyenda mundialmente famosa. Sin dudarlo,
    esta aceptó la misión de acudir a Estados Unidos y la Gran Bretaña,
    zarpando al cabo de pocos días hacia San Francisco desde Vladivostok.

    A su llegada a Estados Unidos, Bochkareva fue recibida
    con gran expectación. Todo el mundo quería conocer la mujer soldado, la
    Juana de Arco rusa que venía precedida por las mil y una historias que
    habían relatado sobre ella los corresponsales desplazados a Rusia.
    Durante más de un mes estaría de gira por Estados Unidos concediendo
    entrevistas, asistiendo a actos en su honor, dando conferencias, etc.

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    Reportaje en el New York Times

    Finalmente, después de este intenso periplo y de dictar
    sus memorias a un periodista ruso residente en Nueva York, llegaría el
    momento tan esperado por Bochkareva: la entrevista con el presidente
    Woodrow Wilson. Éste asistió emocionado al relato de Yashka sobre sus
    experiencias en la guerra y a la petición de ayuda que esta le formuló.
    La entrevista concluyó con la promesa por parte estadounidense de
    brindar apoyo al ejército contrarrevolucionario.

    Desde América, Bochkareva partió hacia el Reino Unido,
    dónde de la mano de las sufragistas lideradas por Emmeline Pankhurst
    conseguiría entrevistarse primero con el ministro de defensa Winston
    Churchill y después con el rei Jorge V. Nuevamente la expectación
    mediática y popular fue masiva, pero el resultado político fue
    ciertamente más pobre que el conseguido en Estados Unidos. Aunque con
    Churchill hubo muy buena sintonía, la entrevista con el monarca sería
    muy breve y poco productiva, perturbada en parte por la noticia del
    fallecimiento del general Kornilov.

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    Maria Bochkareva y Emmeline Pankhurst

    Regreso y condena a muerte

    En su regreso a Rusia, Bochkareva fue recibida por los
    efectivos restantes del Ejército Blanco, quienes le agradecieron haber
    hecho todo lo posible para conseguir la tan ansiada ayuda. Por aquél
    entonces la Yashka soldado ya no podía hacer nada por sus camaradas. La
    cifra de bajas no dejaba de aumentar día tras día, haciendo más
    necesario batallones sanitarios que militares. Así, la última misión
    que recibió fue la creación de equipos de voluntarios para dar atención
    médica a los heridos.

    Al cabo de poco tiempo los bolcheviques rompieron el
    frente y los oficiales blancos se batieron en retirada, dejando heridos
    y sanitarios a su suerte. Entonces, cuando ya no quedaba nada por
    hacer, Bochkareva, exhausta tanto moral como físicamente, regresó a su
    casa en Tomsk, dónde se encerraría en si misma y visitaría regularmente
    una parroquia ortodoxa en búsqueda de paz interior.

    Decidida a enterrar su pasado bélico, acudió a un
    puesto del Ejército Rojo para entregar su revólver. Sin salir del
    asombro de ver a Bochkareva en persona entregando su arma, los soldados
    bolcheviques dejarían marchar a la legendaria Yashka… pero no por mucho
    tiempo, ya que días más tarde sería arrestada por orden de la Checa
    (policía secreta soviética), acusada de ser un enémigo del pueblo. Tras
    un juicio sumario, Bochkareva fue fusilada el 16 de Mayo de 1920.



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